17.10.2016

Raquel Chomer: Una escultura para Puerto Madero

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Raquel Chomer nació para ser artista, pero sobre todo se encontró a sí misma como artista. La pulsión por imaginar y plasmar formas fue esculpiendo su vida, una vez que ella reconoció esa necesidad creadora y le dio lugar. “No me proyecté como artista, pensé en hacer lo que me gusta”, afirma aún hoy con una pasión que vuelve comprensible cómo es que logró imponerse en un entorno familiar no muy propicio. El arte, lo sabemos, se nutre con libertad.

Raquel se casó a los 18 años. 5 años después, ya tenía tres hijos y criaba otros dos de un cuñado fallecido. No había demasiado lugar para la inspiración en sus quehaceres cotidianos, pero su creatividad se escabullía en sus exquisitos y sofisticados manjares, muchos de origen sefaradí. Si bien eran aclamados, también efímeros. Un enorme esfuerzo que no perduraba. Pese a los halagos, a ella le quedaba cierto sinsabor.

Cuando los chicos fueron creciendo, decidió iniciar cursos de cerámica, pintura y cuanta clase hubiera dando vueltas en el Bellas Artes. No podía escaparse más de dos horas, pero eran suficientes para empezar a encausar su entusiasmo, talento y espíritu emprendedor.

Promediaba ya los 30 años. “Me fue surgiendo la necesidad irreprimible de crear. Me sorprendí a mí misma. Me resultaba sencillo, lo imaginaba y lo hacía. Las piezas quedaban en casa o las regalaba a familiares. Al principio, no se me ocurría que podía exhibirlas y comercializarlas”, nos cuenta Raquel, con el asombro y la iniciativa intacta.

Como se imaginan, obviamente hubo algunas resistencias familiares. Su marido era un empresario textil que se desarrolló y ajustó al ritmo de los vaivenes de nuestro país. Pero si bien no impulsaba ni acompañaba la inspiración artística de su mujer, tampoco la desvalorizaba ni bloqueaba. En un matrimonio tradicional, eso bien puede ser interpretado como un apoyo. “Crear me expande, me da aire. Una de las primeras esculturas que hice, que está expuesta en un hotel en Punta del Este, es una mujer con alas”.

Ya a los 35 años su producción comenzaba a proliferar y se animó a dejar algunos de sus trabajos en una exhibición en el balneario esteño. La repercusión fue muy buena, de hecho su primera obra la vendió en el momento, por mil dólares, según recuerda. Siempre por iniciativa propia, de manera autodidacta, fue participando en dos o tres exposiciones por año. Miami, Nueva York, Argentina y Punta del Este, especialmente. En general sus compradores han sido uruguayos, argentinos y europeos. “Fue intuitivo, fui aprendiendo a moverme. Hoteles, exposiciones y locales de decoración han sido los principales espacios para exhibir mis obras. Fui presentándome y posicionándome, encontrando mi lugar a fuerza de resultados”. No es poco en un ambiente que muchas veces resulta elitista, en donde los contactos y relaciones pueden influir más que la vocación y el talento.

Vecina de Puerto Madero desde hace unos 10 años, Raquel sigue tallando sus días con espíritu inquieto y libre imaginación. Hace no mucho debió despedir a su compañero de toda la vida, pero logró transformar el dolor en fuente de energía para emprender nuevas formas y desafíos.

 
“Concurso Internacional de Esculturas”, para SLS LUX Puerto Madero

La desarrolladora Related Group lanzó un concurso para diseñar una escultura que se lucirá en un gran espacio público que integrará su emprendimiento SLS LUX Puerto Madero. Estará ubicado en la cabecera del Dique 1, frente al espejo de agua.

En cuanto se enteró de la convocatoria, Raquel no lo dudó ni un instante: una obra suya en su propio barrio sería un sueño hecho realidad. Y se puso manos a la obra.

De la vocación humanitaria de Raquel surgió “Despertar”, una imponente instalación metálica compuesta por  una serie de vigas con forma de pirámides cruzadas entre sí, siempre apuntando al cielo. Cada uno de los vértices incluirá vidrios conectados a un sistema de iluminación, que permitirá encenderlos de noche.

Una vez instalada, medirá 5,5 metros de ancho, 6 metros de alto y 4 metros de profundidad.

“La intención de la obra es iluminar, de día y de noche, para recordarnos que no hay diferencias, todos somos iguales. Podemos y debemos entenderlo. Despertemos”, enuncia en la presentación.

La autora nos cuenta que su obra aspira generar un despertar a la conciencia, abrir la mente. Despertar a la vida, al progreso, a la sensibilidad y los valores humanos. “La terminación espejada, refleja y potencia el entorno. Me imagino a la gente paseando alrededor, caminando por debajo de sus aristas, a los niños jugando...” Raquel proyecta, una vez más.

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